Círculo – AV(3/5)

Opinión por Romina Morales
A pesar de lo que puede parece a priori, ni me volví una caprichosa, ni una impaciente. Más bien me sentía afortunada. Y es que, por el contrario, siempre me soltaron los caprichos con mucha dilación. Valoré cada uno de los regalos que me hicieron, y jamás tuve NADA de salida, tampoco lo pedía. Interioricé que las cosas tardaban en cocerse. Aquello me hacía ilusionarme muchísimo por ellas, imaginarme cómo sería tenerlas disfrutando del ensoñamiento. Luego, cuando caían, eran tan geniales.
La PSP no vino hasta 2008, internet se retrasó hasta el año siguiente. La PS3 se pospuso hasta 2010, tuve internet en el móvil por primera vez en 2013 y la PS4 la tengo hace apenas un año (esa ya sí que me la compré yo, en 2018).
Con los videojuegos, la adolescencia fue una amalgama entre lo esperado y la espera activa mientras veía mil videos, no paraba de leer sobre las últimas noticias, recababa información y le daba vueltas a todo. Otra manera de exprimir, al máximo, el ocio electrónico. También de valorar el esfuerzo de su obtención, y de otorgar de presencia histórica a todos y cada uno de los productos en este aspecto.
El día que me regalaron la PS3, por ejemplo, fue uno de los mejores de mi vida. Mi hermano llegó a casa después de todas las navidades ingresado en el hospital. Tenía 3 semanas y casi muere. “Un virus en el área de neonatos” dijeron. “¡Hijos de puta!” contestamos. Sí, yo ya había visto fortuitamente la caja escondida en casa, no me hacía demasiada ilusión dadas las circunstancias, exageré mi júbilo aquel día de reyes, sentía que les debía a mis padres algo de alegría.
Los hados, o simple azarosa casualidad fortuita, Mateo volvió a casa ese mismo día. Así que ahora no puedo ver una PS3-Slim sin recordar el carrito entrando por el pasillo y yo soltando el mando, sin poner en pausa el Uncharted 2, para correr a verlo.

Nos regalaron otra PS3 ese año, mismo pack, fue un familiar, regalazo. Joder, de ninguna a dos. Obviamente la devolvimos y recuperamos la pasta, ese dinero nos iba a venir que te cagas para el repecho habitual en enero. Nunca entenderé que la gente se gaste lo que no tiene en Navidad. Desde que me independicé nunca he vivido una “cuesta de enero”, ya vivo en cuesta el resto del año como para exacerbarla.
Desde el principio dije que no quería más juegos, que como mucho 1 o 2 platinium por tener variedad, y si eso. Que estaba feliz con el del pack de la consola, no necesitaba más. Como siempre en temas de la índole, ni puto caso. Chorro de juegos, alguno que ni quería. Muchos cogieron polvo hasta que vendí, obligada por las circunstancias, esa misma PS3 que tantas historias me trajo.
La misma con la que pasé muchos ratos geniales, descubrí el online, flipé con los gráficos y las nuevas dinámicas jugables (no sabes que quieres un mando inalámbrico hasta que lo tienes). La generación evolucionaba tal y como yo lo hacía también. Una curiosa y recelosa metáfora la de ver en perspectiva tu vida en torno a las generaciones de Sony.
Sigue la historia en el siguiente capítulo







